
En un contexto en el que la ganadería argentina enfrenta el desafío permanente de producir más y mejor, la diferencia entre un establecimiento que apenas se sostiene y otro que logra consolidarse como empresa no siempre pasa por grandes inversiones.
Muchas veces, el verdadero salto de eficiencia está en el diagnóstico fino, en el orden del sistema y en la coherencia entre lo que se decide en la oficina y lo que ocurre todos los días en el potrero.
Bajo esa premisa trabaja Álvaro García, un especialista uruguayo que cruzó el charco hace un tiempo y se fuea vivir a la localidad bonaerense de Capitán Sarmiento, para ofrecer en nuestro país la optimización de sistemas ganaderos.
Lo hace impulsando un enfoque poco convencional para el medio local: las “Auditorías Productivas”, una herramienta de diagnóstico intensivo que busca identificar cuellos de botella productivos y económicos en muy poco tiempo, sin recetas mágicas ni transformaciones bruscas y “sin meterse en los números” del campo.
“Veo que en muchos campos de Argentina la parte administrativa, la que mira los números, no se junta con la producción diaria”, señala García.
Según explica, es habitual encontrar establecimientos con buena genética y recursos, pero con resultados por debajo de su potencial por falta de orden, planificación y coherencia en el manejo.
A diferencia de los análisis tradicionales, la auditoría productiva no se realiza desde un escritorio. El trabajo comienza en el campo, con recorridas por los potreros, observación directa de los animales y diálogo permanente con el personal del establecimiento.
García se instala entre una y dos semanas en el campo, el tiempo necesario para construir una radiografía integral del sistema productivo, a partir de un abordaje totalmente personal, llevado adelante exclusivamente por él, sin delegar tareas ni apoyarse en equipos externos.
Afirman que con 50 kilos más de peso, aumentaría 15 puntos el índice de preñez
“El diagnóstico preciso es clave. En pocos días podés detectar si el problema está en la carga animal, en la nutrición, en la sanidad o en la infraestructura”, explica. Y agrega: “Muchas veces el productor siente que algo no cierra, pero no sabe exactamente dónde está el freno”.
En ese proceso aparecen con claridad los clásicos cuellos de botella: vacas mal alimentadas, falta de previsión forrajera, potreros sobredimensionados o manejos rutinarios que se repiten “porque siempre se hicieron así”. Para García, el valor del método está en ponerle números y lógica a esas percepciones.
“No me meto en el negocio de nadie. Voy y le digo al productor: si querés que esta inversión rinda más, este es el camino”, resume. Una vez culminado el trabajo, que realiza de manera personalizada y unitaria, una vez que presenta el plan de trabajo, si el dueño del campo necesita que realice un seguimiento, el especialista lo hace.
“No tengo problemas de hacer un seguimiento en el tiempo si el empresario ganadero me lo solicita; una vez que encuentro el diagnóstico y planteo los lineamientos, puedo quedarme el tiempo que él desee para capacitar al personal y acompañar el proceso de cambio”, explicó.
Una vez realizado el diagnóstico, la auditoría no se queda en la enumeración de problemas. El paso siguiente es la propuesta de mejoras, siempre pensadas de manera gradual y adaptada a la realidad de cada campo.
García trabaja con dos escenarios posibles:
Mejoran hasta 83% el índice de preñez y 20% la productividad del sistema de cría
“La idea es que el productor sepa exactamente dónde está parado y qué puede lograr con el campo que tiene”, señala.
En ese sentido, insiste en la planificación forrajera como eje central del sistema: “Hay que prever hoy la comida que se va a necesitar dentro de un año. Si sabemos cuántas vacas van a parir en determinada fecha, tenemos que asegurar el alimento para ese momento. Si no, siempre vamos a llegar tarde”, vaticinó.
Uno de los problemas más frecuentes que aparecen en las auditorías es la carga excesiva de animales por hectárea. Para García, este es uno de los grandes mitos de la ganadería argentina: “Creer que más animales equivalen automáticamente a más producción es un error”, dice como desmitificación.
“Muchas veces las vacas no se preñan porque están con hambre. Bajás la dotación y producís más”, afirma con contundencia.
Según él, el exceso de animales genera un círculo vicioso difícil de revertir: “Menos comida disponible, menor tasa de preñez, terneros más chicos y, en definitiva, menos kilos producidos por hectárea”.
Los números son elocuentes. Según explica, ajustar la carga animal a la capacidad real del campo puede mejorar la preñez entre un 10% y un 15% y sumar entre 10 y 15 kilos al destete. “En un establecimiento de 2.000 hectáreas, eso puede significar una diferencia positiva importante, solo con manejo”, asegura.
Más allá de los aspectos técnicos, García pone un fuerte énfasis en la capacitación del personal y en el cambio de mentalidad dentro del establecimiento. Para él, uno de los grandes desafíos es dejar atrás el concepto de “estancia tradicional” y avanzar hacia el de empresa agropecuaria.
“El éxito no depende de meter horas y tener fuerza, sino de saber mirar una vaca y recorrer un potrero con ojos críticos”, sostiene.
Durante la auditoría, el especialista trabaja codo a codo con los empleados, enseñándoles a interpretar señales clave del sistema: desde el estado de la bosta para evaluar la nutrición, hasta la disponibilidad real de pasto o el comportamiento del rodeo.
Este acompañamiento en el terreno es central en el método. “No sirve dar instrucciones a distancia. Hay que estar en el campo, recorrer, explicar y mostrar”, remarca.
Al finalizar el proceso, se realiza una reunión con el propietario y el personal donde se presentan los resultados y se definen objetivos claros, dejando en evidencia cómo el trabajo diario impacta directamente en los resultados económicos.
“El foco de las Auditorías Productivas está puesto en la rentabilidad real, entendida como la capacidad de sacar el máximo provecho de los recursos disponibles, respetando la idiosincrasia de cada campo. No se trata de imponer modelos externos, sino de ordenar lo propio”, dice convencido el entrevistado.
Este enfoque puede resultar especialmente atractivo para empresas familiares y productores que sienten que su sistema está estancado, pese a contar con buenos campos y rodeos. “La clave está en ordenar, medir y ejecutar bien. Cuando eso se logra, los resultados aparecen”, resume García.
“Es fundamental que la empresa agropecuaria funcione en equipo: el peón, el encargado, el propietario y hasta el veterinario deben manejar un mismo sentir y tirar para el mismo lado; de lo contrario, el negocio se trunca”, advirtió.
En un escenario en el que la ganadería argentina necesita aumentar producción y eficiencia para aprovechar nuevas oportunidades de mercado, el método de auditorías productivas se presenta como una herramienta concreta para profesionalizar la actividad.
Con los pies en el barro y la mirada puesta en los números, García apuesta a cerrar la brecha entre el campo y la empresa, demostrando que muchas veces el verdadero cambio no está en hacer más, sino en hacer mejor.