
Especial para Infocampo
Previo a la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, circulaban versiones sobre la posibilidad de algún anuncio vinculado a las retenciones. Incluso me llegaron consultas del exterior respecto de dichos rumores.
En el análisis sobre esta posibilidad surgía la cuestión de si el Gobierno tenía margen para resignar recaudación fiscal o no.
El informe de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) correspondiente a los ingresos públicos de febrero marca el estancamiento de la recaudación en concepto de derechos de exportación, que masivamente son aportados por las cadenas agropecuarias, y en particular por el complejo soja que tributa prácticamente un cuarto de su precio FOB.
Sucede que fue el quinto mes consecutivo de caída interanual expresada en pesos nominales; es decir, no actualizados por inflación. En octubre del año pasado esa caída fue de 55% y así continuó hasta llegar a febrero con una retracción de 20% respecto del mismo mes de 2025.
Esta caída responde a varios factores. En primer término, a la baja de las alícuotas que en el caso de la soja fue de 9 puntos porcentuales (del 33% inicial al 24% para el poroto), en el maíz de 3,5 puntos y en el trigo de 4,5 puntos porcentuales.
Pero además de eso, las retenciones cero de setiembre, con el objetivo de que la exportación adelantara US$ 7.200 millones, impactaron fuertemente en la caída de la recaudación.
De esta manera la participación de los DEx en la masa fiscal que en 2024 promedió el 4,6%, en los últimos cinco meses promedió el 2%.
Por un lado, al perder peso relativo podría resultar más fácil prescindir de ellos, pero el hecho de que esto ocurra en un contexto en el cual la recaudación va por detrás de la inflación termina neutralizando esta posibilidad.
En este sentido, el presidente Javier Milei fue claro al señalar que la continuidad en la reducción de los DEx va a depender de la evolución de las cuentas públicas. Voluntad hay, pero falta la situación material.
La cuestión, opinan quienes siguen las cuestiones tributarias, es que no hay margen para resignar ingresos sin que un mayor ajuste económico –por ejemplo sacando más subsidios al transporte- se traslade a inflación.
Por lo pronto, la llegada de una nueva cosecha de la oleaginosa debería mejorar los números de la recaudación en materia de retenciones y la liquidación de divisas, llevando algo de alivio a la conducción económica.
El punto es qué actitud va a tener el productor respecto de la venta de su soja. Si el precio sigue sin convencer y la oferta se retrae, será un juego de suma cero. En ese caso, y en el marco de cómo estén jugando el resto de los sectores que aportan dólares a la economía argentina, tampoco se podría descartar alguna medida que incentive a los productores a liquidar el grano que no podrá ser una baja temporaria, dado los compromisos asumidos con los EEUU.
Una a favor del productor: las menores retenciones se sienten en el precio de la soja nueva
En síntesis, estos cinco puntos estarán sobre la mesa durante los próximos meses para analizar cómo seguirá la ecuación económica del productor argentino.
En lo inmediato, las expectativas se trasladaron a algún anuncio en Expoagro, pero para un análisis profundo habrá que tener en cuenta estas variables.