
Especial para Infocampo
Un informe de la consultora S&P Global, titulado Fueling Agriculture, Biofuels as the Catalyst (los biocombustibles como catalizador para impulsar la agricultura) acaba de poner en blanco sobre negro el futuro de este sector: la producción de granos supera el crecimiento de la demanda, un escenario que se proyecta hasta 2050.
Rebobinemos: años atrás cualquier reunión a campo, inevitablemente empezaba diciendo cómo iba a crecer la población en este siglo, cómo iba a haber cada vez menos hectáreas agrícolas disponibles para generar alimentos, y cómo finalmente que la única solución era incrementar la productividad, porque era imposible lograrlo agregando tierras agrícolas.
Por esos años también se generó un fuerte debate en torno a los biocombustibles, planteando desde el ambientalismo la falsa dicotomía entre alimentos y energía, apuntando los dardos contra el etanol de maíz y el biodiesel de aceite vegetal.
Hoy ambas cuestiones han desaparecido de la agenda. Es más, la producción mundial de biodiésel pasó de 36,6 millones de toneladas en 2017 a 64,9 millones en 2025.
Brasil, los Estados Unidos e Indonesia están volcando cada año más aceite vegetal a la producción de biodiésel, mientras que en nuestro país hay una creciente presión para que el proyecto de ley que se debate en el Senado eleve el corte al 15%, en lugar del 10% propuesto.
Ahora bien, el informe de marras plantea tres cuestiones centrales:
Por eso, el informe menciona un escenario más que preocupante para la agricultura de los Estados Unidos. En la medida de que más autos se muevan con electricidad, los motores se vuelvan más eficientes, y la población se estabilice, envejezca o incluso decline, menos etanol se necesitará para la mezcla con nafta. E
n un escenario a 2050 con el nivel de mezcla actual, y los rindes de maíz en aumento, sobraría aproximadamente el 31% del área maicera en ese país.
Esto quiere decir que nos enfrentamos a un escenario de sobreoferta granaria, con lo cual difícilmente veamos un ciclo de altos precios, excepto por alguna circunstancia puntual como conflictos bélicos o catástrofes climáticas a gran escala.
Nuestro sistema agrícola (soja, maíz, trigo, girasol) sufrirá la competencia de los otros grandes jugadores como Brasil, EEUU, o Rusia, pujando por sostener sus cadenas de valor agrícolas.
De tal manera que la pregunta es cómo se ajustará la producción a una demanda que se debilita. Por un lado va a pesar la estructura de costos agrícolas en cada país, pero en paralelo también pesará las herramientas de las que dispongan estos países para sostener a sus productores.
Habrá que ver con estos precios cuánto más se puede expandir la producción Brasil o si llegado el momento tendrá que sacar el pie del acelerador y tirar un rebaje.
Los Estados Unidos tienen la billetera para sostener a sus farmers, aún cuando sus costos sean los más altos o cuando la guerra de aranceles los deje afuera de los mercados.
Acá habrá que hacer algo si no queremos ser el pato de la boda, porque si bien la región agrícola logísticamente está mejor posicionada que en Brasil y los EEUU por una cuestión de distancias a los puertos y hub de procesamiento, el esquema de derechos de exportación nos sacaría de la cancha, especialmente en soja.
Por otra parte, a diferencia de los EEUU y Brasil, la política local de biocombustibles no ayuda a generar competitividad.
El título del informe de SP Global lo dice todo: los biocombustibles son el catalizador de la agricultura. Claramente, el 10% de corte con biodiesel, que propone el proyecto oficial que se debate en el Senado, es insuficiente para sostener la cadena de valor de la soja. Ir al 15% es lo mínimo para seguir en carrera.
Biocombustibles: el Congreso comenzó a debatir la nueva ley, que tiene apoyo agroindustrial
Estas son las cuestiones que hay que resolver antes de que sea tarde, de manera que no sean nuestros productores los que se tengan que ajustarse en un mercado global donde la oferta crece más que la demanda.