
De a poco, el “boom” ganadero comienza a traducirse en resultados tangibles: el sector está comenzando a capitalizar un contexto más favorable para la planificación y la inversión.
Un ejemplo es que ya se está logrando más carne por animal, lo que fortalece las bases para un mayor crecimiento de la actividad.
Según un informe de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGYP) de la Nación, en mayo el peso promedio de faena se ubicó en 240 kilogramos por res bovina.
Se trata del registro mensual más elevado de las últimas décadas, al menos desde 1990, “resultado que refleja un avance significativo en términos de eficiencia productiva y aprovechamiento del potencial de crecimiento de los animales”, subrayó la SAGYP.
En tanto, al evaluar la evolución de los primeros cinco meses de 2026, el peso promedio de la res bovina se ubicó en 236 kilos (6 más por encima del promedio registrado en igual período de 2025).
Y al comparar mayo de este año con el mismo mes del año anterior, el incremento alcanzó a ocho kilogramos por res, lo que consolida una tendencia que se observa desde fines del año pasado.
Según la SAGYP, detrás de esta mejora aparecen varios factores:
Pero, “más allá de las variables estrictamente productivas, estos resultados comienzan a desarrollarse en un contexto macroeconómico caracterizado por una mayor previsibilidad relativa, una condición largamente demandada por el negocio ganadero”, valoraron desde el Gobierno.
Y concluyeron: “La estabilidad de las variables económicas y una mejor capacidad para proyectar inversiones y ciclos productivos favorecen decisiones de largo plazo, fundamentales en una actividad donde los resultados se construyen a lo largo de varios años”.