
Hay una ironía en el nombre de la cabaña que sirvió de punto de encuentro: en La Coincidencia prácticamente nada se deja librado al azar.
Y es que a lo largo de distintas charlas, ingenieros y asesores de la cabaña explicaron cómo es posible articular tres unidades de negocios apoyados entre sí con tecnología y medición.
El establecimiento pertenece a Agropecuaria Vidal SA y está situado a un par de kilómetros de la Ruta Nacional 5, en 9 de Julio.
Allí, cada animal se pesa de forma periódica, se ecografía para conocer su área de ojo de bife y su grasa, se clasifica por conformación y aplomos, y los más prometedores terminan frente a una pista de 36 comederos electrónicos que registran, ración a ración, cuánto come cada uno.
No se trata de cualquier comedero: se trata de la pista de medición individual más grande del país, según se remarcó en reiteradas oportunidades durante la jornada.

En el campo tienen instalado el sistema de comedores electrónicos más grande del país. (Gentileza IPCVA)
El proyecto se estructura en genética de alta producción, cría y recría de precisión. Esos modelos fueron los organizadores temáticos de la jornada, que reunió a productores, asesores, autoridades y estudiantes alrededor de una idea que funcionó como hilo conductor de todo el día: la ganadería crece con datos.
El campo abrió sus tranqueras temprano a la mañana y con unas palabras de bienvenida del presidente del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) —entidad organizadora—, Georges Breitschmitt, junto al representante de la cabaña y veterinario, Arturo Díaz. También participaron representantes de las cuatro entidades de la Mesa de Enlace y, además, estuvo presente la intendente de la localidad anfitriona.

El presidente del IPCVA, Georges Breitschmitt, encabezó la jornada junto a técnicos del INTA, otras autoridades y representantes de La Coincidencia
Sobre ese escenario, el ingeniero agrónomo del INTA Anguil, Anibal Pordomingo, presentó el campo y dejó en claro por qué “no es un emprendimiento tradicional”: el diferencial está en cómo articula sus modelos productivos entre sí para lograr “un producto de alto rendimiento carnicero —que mantenga la calidad de la carne—, sea trazable y alcance el mayor rendimiento individual posible”.
El punto de partida para lograr esto es la genética: “Se partió de una base muy grande de vacas para generar las primeras donantes e incorporarlas a un servicio de superovulación, de lavaje y de producción de embriones”, relató Pordomingo.
De nuevo, es un desafío al paradigma tradicional, porque se volvió una empresa cuyo tamaño ya no se mide por la cantidad de vacas, sino por la cantidad de embriones logrados: menos de 60 vacas donantes de pedigree pueden generar más de 2000 hijos por año.
Ese “acelerador genético”, que dejó más de 800 individuos sobre los cuales seleccionar, se sostiene por una base forrajera de alta e intensiva producción —el objetivo son más de 1.000 kilos de carne por hectárea—, con un sistema de pastoreo intensivo y corrales que —aclararon— no son de engorde sino para situaciones estratégicas de la vaca, sus terneros y la recría temprana.

La Coincidencia tiene una superficie de 250 a 400 hectáreas alquiladas. (Gentileza IPCVA)
En ese campo, la empresa desarrolla las actividades de cabaña como reproducción, recría de terneros y reproductores, y remates —el próximo, el 7 de agosto—. También se retiene en este predio parte del rodeo comercial elite con receptoras.
La parte del rodeo comercial de vacas, por otro lado, se ubica cerca de Ataliva Roca (en La Pampa), lugar que también funciona como espacio de receptoras si el programa genético lo requiere.
Díaz, que trabaja hace poco más de tres décadas con el grupo empresario, sintetizó a Infocampo el espíritu del proyecto al explicar que dos animales que “a simple vista parecen iguales, son de la misma raza, nacieron el mismo día, se criaron en el mismo ambiente, pero a la hora de convertir son totalmente distintos”.
Y en ese punto fue que la empresa se aventuró a ir por más; para distinguir a ese individuo que los obligó a medir.

Arturo Díaz, médico veterinario y apoderado de La Coincidencia: “Las caravanas electrónicas permiten levantar la información que está tirada en el campo”. (Gentileza IPCVA)
En este marco, si el establecimiento es una máquina de generar datos, la jornada dejó claro que esos datos también sirven para contar (fundamental para el agregado de valor hoy en el agro).
Adrián Bifaretti, Jefe del Departamento de Promoción Interna del IPCVA, puso el foco en los drones, las imágenes satelitales y la inteligencia artificial para construir el relato de la carne argentina ante distintos mercados.
Por ejemplo, para la venta de carne libre de deforestación, exigencia inminente para el importador que quiera abrirse al mercado europeo.
En este contexto, además de los datos que seducen al comprador, los disertantes también abordaron qué pasa con aquellos que exige la ley.
El médico veterinario y director Nacional de Producción Ganadera, Silvio Marchetti, recorrió el camino del chip electrónico, obligatorio desde 2026 para los terneros.
“Lo que se está haciendo acá, ocurre en un contexto donde el resto del mundo también lo hace”, dijo sobre la trazabilidad electrónica obligatoria.
En la misma línea, los asesores Raimundo Peñafort y Luisa Zola mostraron cómo se automatizan los registros con caravanas y collares electrónicos.
Las charlas también abordaron el uso de cultivos de cobertura en ganadería de alta productividad (por el ingeniero Juan Mattera de INTA Pergamino) y una conversación específica sobre la recría de precisión (a cargo del ingeniero Daniel Méndez de INTA Villegas).
Después del almuerzo, la jornada se movió a las tradicionales paradas técnicas. Pordomingo y Lucio Scardaccione explicaron cómo el RFI (el consumo residual) y la fertilidad definen el margen real, bajo el lema “comer menos para producir más”.
En tanto, los asesores Joaquín Prieto y Felipe Onagoity abordaron la recría óptima para lograr un buen rodeo de vacas; y Carlos Torres Carbonell (ingeniero agrónomo de la Universidad Nacional del Sur y miembro INTA) mostró el uso de drones ganaderos y sus resultados económicos.

Una de las paradas técnicas en la jornada del IPCVA. (Gentileza IPCVA)
Detrás de toda esa ingeniería hay una cultura de empresa que Díaz resumió sin vueltas: cada vez que se llega a una meta, “al otro día te ponen una nueva”.
El grupo empezó la cabaña hace cinco años, afinó la medición en los últimos tres y recién el año pasado sumó la cría y la recría al sistema de datos.
En este contexto, mientras sucedían las charlas, los participantes iban y venían entre la carpa y el fogón, para recargar energías con un café caliente, degustar unos sandwichs de carne y cantarle el “Feliz cumpleaños” a Messi.
En ese momento, Infocampo se acercó a los más jóvenes para conocer qué opinaban de la jornada.
Una de ellas fue Jennifer García (21), estudiante de segundo año de la carrera de Producción Agrícola Ganadera: “Me gusta mucho el tema de la ganadería y el análisis”, contó la joven, que de momento realiza prácticas profesionales en laboratorio en Ultra Mix.
A su lado una amiga, Camila Pieroni (21), contó que el interés por la producción agrícola-ganadera surgió con el tiempo, en la escuela técnica y en charlas de la Rural del pueblo.

En la jornada a campo del IPCVA participaron estudiantes de escuelas secundarias e institutos técnico-agropecuarios, como Inchausti. (Gentileza IPCVA).
También hubo grupos “autoconvocados”. Ciro Galassi (17) y Fermín Bracco (17), que cursan el último año de la escuela secundaria, se organizaron para poder ir: “Vimos la actividad en Instagram, propusimos la idea, hablaron los directivos y nos dieron el el permiso para venir”, explicó Fermín, que asistió junto a otros cuatro compañeros.
“Me pareció muy interesante la charla porque cuenta cómo ha ido avanzando la parte ganadera del campo, que había quedado un poco atrasada en comparación con la agricultura”, opinó. Quiere estudiar ingeniería agronómica cuando termine la escuela.
Yael Marchan (23), en cambio, llegó a la jornada por su profesora, quien incorporó la actividad extra-facultativa como parte del programa de estudios en biotecnología, tecnicatura de la cual está próxima a recibirse.
“Me quiero especializar más que nada en genética animal y la charla me viene genial”, enfatizó, mientras aguantaba las risas por los comentarios de sus amigas: “Dale, que te haces viral”.

Yael Marchán (23) junto a sus compañeras de la tecnicatura. (Gentileza IPCVA)