
Durante 2024 y 2025, una de las principales discusiones que se abordó en la agenda pública de la ganadería argentina fue la implementación de la trazabilidad individual electrónica obligatoria.
Luego de muchas idas y vueltas y debates tanto públicos como privados, finalmente a partir de enero de este año comenzaron a implementarse los “chips” que deben ir insertados en cada bovino de nuestro país, con el fin de tener un registro de su historial productivo, desde que nace hasta que llega a destino local o externo tras ser faenado.
En este contexto, la reciente jornada a campo organizada por el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) en 9 de julio contó con la presencia del director Nacional de Producción Ganadera, Silvio Marchetti, quien puso en perspectiva el alcance real de la normativa.
“Lo que se está haciendo acá ocurre en un contexto donde el resto del mundo también lo hace”, dijo ante productores, asesores y estudiantes reunidos por el IPCVA en La Coincidencia, una cabaña de genética, cría y recría que ya acompaña su búsqueda de alta producción por hectárea con herramientas tecnológicas (con trazabilidad).
“El tema de de las caravanas electrónicas es muy importante porque te permite medir un montón de información que hoy está tirada en el campo”, acompañí, por su parte, el veterinario y apoderado de la cabaña, Arturo Díaz, que trabaja hace unas tres décadas en la empresa Agropecuaria Vidal SA. En la misma reflexión señaló que el beneficio aparece “una vez que logras trabajar plenamente”.
La cabaña, que tiene un proyecto genético con la raza Limangus, decidió tomar uno de los establecimientos para cría y otro para la recría para manejar correctamente el volumen de los datos y mantener las mediciones hechas en tiempo y forma.
Con esa organización buscaron distinguir las diferencias de los individuos ante ensayos para trabajar sobre el mejor; y en ese proceso ya entraban las caravanas electrónicas.
“Imagínense que, el día de mañana, un productor de cría que compra toros a esta cabaña pueda acceder a una plataforma en el futuro y ver los resultados de calidad de carne de los animales que vendió”, ejemplificó Marchetti para aquellos productores chicos, que no son de ciclo completo o que pierden el rastro de sus terneros al venderlos.
De todos modos, dentro de la cadena ganadera tienen sus dudas. Un productor pequeño que participó del encuentro en 9 de julio le reconoció a Infocampo que “es un trabajo muy engorroso agarrar cada animal, encerrarlo, enceparlo, colocarle la caravana de ambos lados, leer, anotar, pasar la información a una computadora, garantizar la calidad de la caravana”.
En este contexto, aunque la obligación de caravanear a los terneros fue la novedad que convocó el debate, también reparó en su adopción política: “Hay otro punto que está un poco más alejado, pero ya está en días; es la primera vez en toda esta historia que en la reglamentación del secretario está escrito que continúe la trazabilidad en los frigoríficos”, subrayó Marchetti.
Eso que “está en días” ya tiene fecha: es el próximo miércoles 1° de julio.
El cambio: hasta ahora la caravana se retiraba al momento del sacrificio y la información del campo —origen, genética, sistema de producción— quedaba fuera del resultado de faena. Ahora, los frigoríficos deberán tener adaptados sus sistemas para leer la caravana electrónica de cada animal que ingrese a la línea de faena y anclarla al número de garrón correspondiente.

Sergio Marchetti, director nacional de Producción Ganadera
Y planteó qué puede significar eso para un criador: “El 70% de los productores produce el 70% de los terneros del país y no sabemos realmente qué carne logran”. Conocer los resultados que hacen a la carne, como el peso, rendimiento, tipificación, calidad de res —dijo— “puede hacer discriminar proveedores según los distintos objetivos de la empresa”, nombró como beneficio para la toma de decisiones estratégicas.
Por otro lado y como contracara a la medición analógica, mencionó las tres opciones tecnológicas para identificar individualmente al animal:
En el caso de la cabaña anfitriona, los resultados que viene registrando para su programa de embriones le permitieron reducir el ritmo de transferencia en la actualidad a 400 embriones por año. Esto, después de haber completado tres etapas de 1000 embriones desarrollados en terneros entre 2022 y 2024. En el medio —precisamente hace tres años— Díaz explicó que empezaron “a medir bien”.
La respuesta parece indicar que, con datos, maximizar la eficiencia de conversión y mejorar stocks y escalar el negocio, es posible.
La pregunta que queda, entonces, es cómo se adaptarán al sistema los pequeños y medianos productores que pedían que el sistema fuera optativo en lugar de obligatorio.
Vale recordar que la medida desató presentaciones de recursos de reconsideración contra la resolución que impulsa estos sistemas obligatorios, como la del productor ganadero Carlos Baravalle. “Malestar” que, ahora, encontró un canal legislativo en la Cámara baja buscando eximir de la obligatoriedad del Sistema a los productores.