Mientras sigue el debate, una bodega sumó la primera línea completa de vinos sin alcohol

02. Nieto Senetiner completa su propuesta 0 con tres nuevas etiquetas Chardonnay Malbec Rose y Malbec–Pinot Noir que se suman al Brut 0

El consumo de vinos en Argentina atraviesa uno de los niveles más bajos de las últimas décadas. Al mismo tiempo, la competencia se torna cada vez más voraz y en el mundo crecen las bebidas con bajo o nulo contenido alcohólico y aparecen consumidores que priorizan la moderación antes que la abstinencia.

En ese escenario, la vitivinicultura local empieza a explorar una categoría que hasta hace pocos años parecía impensada y que al día de hoy sigue siendo discutida: los vinos sin alcohol.

Cuando el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) reglamentó la elaboración y comercialización de vinos sin alcohol en Argentina, la decisión abrió un debate que todavía divide opiniones dentro del sector.

¿Un vino al que luego se le extrae el alcohol sigue siendo vino? ¿Representa una oportunidad para ampliar el mercado o implica desdibujar uno de los atributos esenciales de la bebida?

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UNA NUEVA LÍNEA DE VINOS SIN ALCOHOL

En este contexto, a casi tres años de aquellas primeras discusiones, la categoría continúa creciendo lentamente y acaba de sumar un nuevo capítulo.

La bodega mendocina Nieto Senetiner presentó tres nuevas etiquetas -Chardonnay, Malbec Rosé y un corte Malbec-Pinot Noir- que se incorporan al espumante Brut lanzado en 2025 y conforman la primera línea completa de vinos sin alcohol disponible en el mercado argentino.

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Uno de los principales debates que genera esta categoría es si un vino sin alcohol puede seguir considerándose vino.

Para Santiago Mayorga, enólogo de la bodega, la respuesta está en el propio proceso de elaboración. “Primero elaboramos el vino bajo un proceso habitual de vinificación, respetando varietales, origen, terroir y criterios enológicos. Recién después se realiza la desalcoholización”, explicó.

Santiago Mayorga 2

Santiago Mayorga, enólogo de Nieto Senetiner

Según detalló, el producto está alcanzado por la normativa del INV y se obtiene mediante un proceso de destilación al vacío que elimina el alcohol una vez finalizada la elaboración, conservando el resto de las características propias del vino.

En tanto, más allá de la eliminación del alcohol, el mayor desafío para la elaboración está en preservar las características sensoriales del vino.

“El alcohol cumple un rol importante en la estructura, el volumen y el equilibrio general. Por eso el trabajo empieza mucho antes de la desalcoholización”, señaló Mayorga.

En este caso, explicó que el desarrollo comenzó desde la selección de uvas provenientes principalmente del Valle de Uco, elaborando vinos base específicamente pensados para atravesar posteriormente el proceso de extracción del alcohol.

“El mayor desafío es técnico y sensorial. Al remover el alcohol se modifica una parte clave de la estructura del vino, especialmente la sensación en boca, el volumen y el equilibrio general”, dijo el enólogo.

La tecnología utilizada es la de conos rotativos, un sistema que trabaja a baja temperatura y al vacío. Durante el proceso primero se separan los compuestos aromáticos naturales, luego se elimina el alcohol y finalmente esos aromas vuelven a incorporarse al vino.

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“Los aspectos más difíciles de preservar son la sensación en boca, la estructura y la intensidad aromática. El trabajo no consiste únicamente en extraer el alcohol, sino también en conservar la frescura, la fruta, el balance y la expresión varietal”, indicó.

Cada variedad presentó desafíos diferentes. En el Chardonnay el objetivo fue mantener la frescura y la acidez; en el Malbec Rosé preservar el equilibrio entre fruta, dulzura y acidez; mientras que en el corte Malbec-Pinot Noir se buscó obtener un tinto ligero, de taninos suaves y buena fluidez.

VINOS SIN ALCOHOL: LA INDUSTRIA SE ADAPTA

Uno de los argumentos que más se repite entre quienes impulsan esta categoría es que el objetivo no pasa por competir con el vino tradicional.

En distintas publicaciones, Infocampo recogió la mirada de referentes del sector que sostienen que el verdadero potencial está en ampliar las ocasiones de consumo, incorporando consumidores que hoy limitan o directamente evitan las bebidas alcohólicas por cuestiones de salud, deporte, trabajo o conducción.

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Mayorga coincide con esa lectura. “Vemos personas más atentas a qué toman, cuándo lo hacen y cómo esa elección convive con su estilo de vida. La moderación dejó de entenderse como una renuncia y empezó a integrarse como una forma más flexible de disfrutar”, describió.

Entre esos nuevos momentos mencionó almuerzos laborales, comidas entre semana, reuniones en las que luego hay que conducir, actividades deportivas, embarazo o simplemente consumidores que buscan moderar la ingesta de alcohol.

“No observamos una búsqueda de reemplazo del vino tradicional, sino una ampliación de momentos de consumo. Ambas propuestas pueden convivir naturalmente en una misma mesa”, sentenció Mayorga.

Los enólogos tienen la palabra: ¿saben bien y tienen futuro los vinos sin alcohol?

VINOS SIN ALCOHOL: A CONQUISTAR AL CONSUMIDOR

Mientras en mercados como Estados Unidos las ventas de vinos sin alcohol continúan creciendo a tasas de dos dígitos, en Argentina la principal barrera sigue siendo cultural.

“Es importante demostrar que puede existir una propuesta sin alcohol que conserve origen, varietal y calidad. Como toda categoría nueva puede despertar curiosidad o algunas dudas iniciales, pero también vemos mucha apertura”, afirmó Mayorga.

El enólogo consideró que el desarrollo de estos productos también representa una oportunidad para diversificar la oferta de la vitivinicultura y generar nuevas alternativas de agregado de valor para la materia prima.

“Es importante demostrar que puede existir una propuesta sin alcohol que conserve origen, varietal y calidad. Como toda categoría nueva puede despertar curiosidad o algunas dudas iniciales, pero también vemos mucha apertura”, sostuvo Mayorga.

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Las críticas, sin embargo, continúan presentes. Frente a quienes sostienen que un vino sin alcohol nunca podrá ofrecer la misma experiencia que uno tradicional, Mayorga no niega las diferencias, aunque resaltó los atributos que hacen de esta categoría mucho más que una tendencia pasajera.

“Es vino porque nace así; la diferencia es que, al final del proceso, se remueve el alcohol. Naturalmente existen diferencias frente a un vino tradicional, pero conserva atributos fundamentales del universo vínico y permite compartir el ritual del vino cuando la elección es no consumir alcohol”, argumentó.

Para la industria, justamente allí parece estar la clave del futuro de esta categoría: no reemplazar al vino tradicional, sino encontrar nuevos espacios donde el vino, aun sin alcohol, pueda seguir estando presente.

InfoCampo