
En Argentina, una de las dudas más comunes acerca de la papaya es su relación con el mamón. En el norte del país, incluyendo provincias como Jujuy, Salta, Formosa y Misiones, así como en Paraguay, la fruta es conocida como mamón. Sin embargo, en Buenos Aires y en el mundo hispano en general, el término más utilizado es papaya. Pese a estas diferencias de nomenclatura, ambos nombres hacen referencia a la misma fruta, Carica papaya, sin variaciones en términos de sabor o características botánicas. Esta fruta se originó en las regiones tropicales de Mesoamérica, específicamente en México.
La planta de papaya es una herbácea, a menudo malinterpretada como un árbol debido a su estructura. Posee un tronco hueco que puede alcanzar una altura considerable, pero no desarrolla madera como los árboles convencionales. La fruta de papaya es notablemente reconocible por su tamaño, variando entre unas pocas pulgadas a 45 centímetros de longitud, dependiendo de la variedad.
El interior de la papaya suele ser de un naranja vibrante o un rosado intenso, contrastando con las semillas negras redondas agrupadas en su centro. Dos de las variedades más comunes son la papaya hawaiana, de menor tamaño y común en supermercados argentinos, y el mamón del norte, que tiende a ser más grande.
La papaya es una fuente rica de vitamina C, superando incluso a la naranja, y contiene también vitamina A, folatos, potasio y fibra. Estas propiedades nutricionales contribuyen a su valor dietético.
La papaína, una enzima proteolítica, es uno de los componentes más distintivos de la papaya. Esta enzima facilita la digestión de proteínas, lo que no solo beneficia al sistema digestivo humano, sino que también se utiliza industrialmente y para propósitos medicinales.
Papaya o “mamón”: los aportes nutricionales y dos recetas para probarlo
Gracias a la presencia de betacarotenos y licopeno, la papaya posee propiedades antioxidantes significativas, ayudando a combatir el daño celular.
Las semillas de papaya son comestibles y poseen un sabor picante similar al de la pimienta, lo que las convierte en un condimento interesante. Estudios también han explorado sus potenciales propiedades antiparasitarias. Es recomendable consumirlas con moderación para evitar efectos adversos.
Sí, se puede cultivar papaya en Argentina, especialmente en las regiones tropicales y subtropicales del norte. Protagonizan este cultivo provincias como Jujuy, Salta, Formosa, Misiones y Corrientes, donde el clima es idóneo. Es crucial destacar que la papaya no soporta heladas, falleciendo en temperaturas bajo 0°C. Para los interesados de zonas templadas, existe la posibilidad de cultivarla en maceta en interiores o invernaderos. Aunque el rendimiento es limitado, es un proyecto viable.
Desde la siembra hasta la primera cosecha, pasan entre 9 y 12 meses, y las semillas de papaya pueden encontrarse en viveros especializados o a través de importadores de semillas tropicales.