
El escenario internacional de los mercados agropecuarios continúa marcado por una fuerte incertidumbre.
Los conflictos bélicos, las decisiones de las principales potencias y los movimientos financieros vuelven a poner bajo presión a los precios de los granos, los fertilizantes y la energía.
En una nueva emisión de Infocampo Estudio, la analista de mercados Paulina Lescano analizó estas variables y puso el foco en las herramientas que tienen los productores argentinos para atravesar un escenario volátil y, al mismo tiempo, aprovechar las relaciones insumo-producto que se observan actualmente.
La escalada del conflicto entre Rusia y Ucrania volvió a generar preocupación por el abastecimiento mundial de alimentos.
El Mar Negro es un nodo estratégico para el comercio agrícola global: concentra aproximadamente el 65% de las exportaciones mundiales de aceite de girasol, el 25% del trigo y el 10% del maíz.
Pero esta vez el impacto no quedó solamente en las expectativas del mercado. Los daños sobre infraestructura y las dificultades logísticas comenzaron a afectar efectivamente los despachos.
“Lo que está ocurriendo primero fue una expectativa de que se iba a frenar la salida de esa mercadería, y ahora se está confirmando que hay infraestructura dañada y problemas logísticos que redujeron la salida efectiva de mercadería”, explicó Lescano.
A este escenario se suma la tensión en Medio Oriente y sus posibles efectos sobre la energía y los fertilizantes. Rusia representa alrededor del 15% del comercio mundial de urea y el 20% de los fertilizantes nitrogenados, por lo que cualquier alteración en los flujos internacionales puede trasladarse rápidamente a los costos agrícolas.
Sin embargo, para el productor argentino la situación también abrió una oportunidad. “Para los productores de Argentina, creo que la suba que ha tenido el mercado hasta este momento es una gran oportunidad para aprovechar y capturar esos precios que tenemos hoy”, señaló la especialista.
Desde el Mar Negro fluye una ola alcista: maíz y soja, con los mejores precios a cosecha en 4 años
El otro factor que merece atención está en los mercados financieros. La evolución de los commodities no depende únicamente de la oferta y la demanda física, sino también de las posiciones de los grandes fondos especulativos.
Actualmente, esos fondos mantienen posiciones compradas récord, cercanas a 54 millones de toneladas en maíz y más de 30 millones en soja. Esta concentración implica que una modificación en las expectativas puede desencadenar una rápida toma de ganancias.
“Esos fondos, ante cualquier cambio, están en una posición récord; pueden decidir tomar ganancia y esa toma de ganancia genera correcciones en los precios, independientemente de todos los conflictos geopolíticos que tengamos”, advirtió Lescano.
A esto se suma la política monetaria estadounidense. Con tasas de interés elevadas y rendimientos atractivos en los bonos del Tesoro, parte del capital puede abandonar activos considerados más riesgosos, entre ellos los commodities y los mercados emergentes.
“Cuando los fondos encuentran un rendimiento tan alto en algo de tan poco riesgo como el bono del Tesoro estadounidense, es muy probable que saquen plata de los lugares más arriesgados, como los commodities o países emergentes, y la lleven a Estados Unidos. Esa es la segunda pata de riesgo de toma de ganancias”, explicó.
En medio de estas amenazas, el productor argentino encuentra un dato positivo en la evolución de los costos relativos. La relación entre el precio de los granos y el valor de los insumos mejoró de manera significativa en los últimos meses, especialmente en trigo y maíz.
En trigo, actualmente se necesitan alrededor de 2,4 quintales por unidad de insumo, frente a los 4,8 quintales que llegó a requerir el indicador a comienzos de abril. En maíz, la relación pasó de 4,7 a 3,2 quintales en el mismo período.
“La suba en los precios de los granos y el acomodamiento de los fertilizantes, especialmente los nitrogenados, hace que los productores tengan hoy una relación insumo-producto que es mejor que el promedio registrado entre 2020 y 2026”, destacó Lescano.
El dato adquiere relevancia porque permite pensar las decisiones de la próxima campaña no solamente desde la evolución individual del precio de cada producto, sino desde el margen que queda entre los ingresos esperados y los costos de producción.
Las flechas apuntan hacia arriba: las señales que entusiasman en los precios de los granos
Con la campaña en marcha y nuevas decisiones de siembra por delante, la especialista planteó que la estrategia no pasa por intentar anticipar cada movimiento del mercado, sino por aprovechar las ventanas favorables y reducir la exposición al riesgo.
“El productor no deja de sembrar, siempre va a sembrar, y las expectativas para la próxima campaña siguen siendo buenas”, sostuvo Lescano.
En ese contexto, una de las prioridades es asegurar la disponibilidad física de los insumos. En un mercado atravesado por conflictos y posibles interrupciones logísticas, esperar una eventual baja de precios puede implicar el riesgo de no conseguir el producto cuando se lo necesita.
“En este contexto de tanta incertidumbre, lo principal es la disponibilidad: que el productor se asegure la entrega del insumo, porque el costo puede volver a subir”, remarcó la especialista.
La segunda herramienta pasa por aprovechar la actual relación insumo-producto para fijar parte de los costos y de los ingresos de la campaña que viene. “Si necesita insumos, hacerlo asegurando la relación insumo-producto; y si no necesita comprar insumos, cerrar parte del precio de su nueva campaña”, recomendó.
En un escenario donde la geopolítica puede seguir generando movimientos bruscos y los fondos pueden acelerar las correcciones en Chicago, la estrategia pasa por no quedar expuesto a un único escenario.
Asegurar insumos, aprovechar los momentos de buena relación de precios y utilizar herramientas de cobertura aparecen como alternativas para proteger los márgenes frente a una campaña que, una vez más, estará condicionada por factores que exceden al productor.