La siembra de maíz avanza a paso firme, pero con un aspecto que los productores miran de reojo: el panorama relacionado con Dalbulus maidis, la famosa “chicharrita” que hace tres campañas hizo estragos en la producción del cereal y desde entonces se transformó en la pequeña gran enemiga del cultivo.
Las últimas noticias al respecto son positivas: el 51° informe de la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis registró que, durante la segunda quincena de septiembre, se dio una nueva retracción de la plaga en las cinco regiones maiceras del país, con una marcada caída en los niveles de abundancia y un crecimiento de las localidades sin presencia del insecto.
De acuerdo con el reporte, las áreas endémicas, NOA y NEA, son las que presentan valores ligeramente superiores a los de un año atrás, en tanto que el Litoral, el Centro Norte y el Centro Sur se encuentran prácticamente igual que a esta altura de 2025.
No obstante, esta situación promisoria para la campaña maicera no debe llevar a bajar la guardia. Los especialistas de la Red enfatizan que “resulta clave mantener un monitoreo activo y sistemático, enfocado en dos aspectos fundamentales”:
Por la relevancia que esta plaga ha tomado para la producción maicera argentina, no resulta sorpresivo que haya ocupado gran parte del debate que se dio durante el Congreso Internacional de Maíz (CIM) realizado en Córdoba.
Allí, el coordinador técnico del CIM, Juan Pablo Ioele, dialogó con Infocampo y trazó un panorama “de tranquilidad” para los productores, empezando por la base de la enorme cantidad de información que hoy hay sobre la plaga y que antes se desconocía, y por las condiciones climáticas que había en aquel entonces, de sequía, completamente diferentes a las actuales.
En tanto, el experto en plagas, Roberto Peralta, coincidió con Ioele y fue directo al grano con una frase que recordó de su madre: “El miedo no es sonso, pero el pánico es estúpido”.
Al respecto, llamó a tener cautela a la hora de leer los diferentes datos que van surgiendo sobre presencia o ausencia del insector. Desde su punto de vista, mientras el temor preventivo es saludable impulsa a tomar recaudos y evaluar con criterio técnico, el pánico conduce a decisiones apresuradas y perjudiciales para la producción.
Para Peralta, la clave es comprender que la chicharrita ya es inevitablemente una nueva limitante que hay que tener en cuenta y que va a estar presente en cada campaña, equiparable a condicionantes climáticas como la sequía o exceso de lluvias
Por eso, el foco debe estar en adaptar las estrategias de manejo pensando también en este insecto. “No es hacer o no hacer maíz, es cómo enfrento el maíz con esta limitante”, resumió.
El problema, según evaluó, es que la chicharrita ha roto los esquemas tradicionales de planificación a largo plazo. “Antes lo que planificabas en marzo lo hacías en diciembre tranquilo, hoy no. Hoy tenés que esperar a ver que llegue el mes, a ver cómo llegamos y a ver qué hacemos”, sintetizó.
Pero allí coincidió también con Ioele en que la cantidad de información disponible hoy para tomar decisiones es “fabulosa”, dividiéndola entre formal (redes de trampas de luz y publicaciones institucionales o de especialistas) e informal (observaciones directas de productores y asesores en los lotes).
Por otro lado, la chicharrita del maíz es hoy la enemiga pública número 1 en materia de plagas, pero no es la única amenaza rondando.
Sobre este punto, Peralta abordó la situación relacionada con la oruga cogollera del maíz (Spodoptera frugiperda), otro insecto que es desde hace años un dolor de cabeza para el cultivo.
Peralta detalló la evolución del control biotecnológico, desde las primeras proteínas Herculex (HX), pasando por las tecnologías VT Double PRO y PowerCore, hasta la adopción de la proteína VIP3A (presente en tecnologías como Viptera).
El problema es que durante la última campaña aparecieron también fallas de control en la proteína VIP en distintas regiones del país y la industria advirtió que, si estas poblaciones resistentes se consolidan, el cultivo volverá a enfrentar graves problemas de cogollera, con el agravante de que las nuevas proteínas transgénicas tardarán entre tres y cuatro campañas en llegar al mercado.

“Beto” Peralta, experto en plagas
Frente a este escenario, Peralta hizo un llamado directo a ejecutar las herramientas de manejo ya conocidas:
“Si estás muy tranquilo que la tecnología te controlaba y ni lo mirabas, vas a tener problema. Porque sabemos que es una plaga que hay que estarle arriba. Si te olvidas, te va a pasar por encima”, repasó.
En tanto, también mencionó otras plagas en el radar, que podrían representar amenazas futuras:
No obstante, Peralta concluyó que ninguna de estas plagas constituye actualmente una “limitante de producción” al nivel del complejo de la chicharrita, aunque remarcó la importancia de mantener la vigilancia activa en el lote.