Después de una década en la cual Argentina tuvo una participación muy errática en el comercio mundial, nuestro país atraviesa un cambio de escala en su inserción externa.
Un informe elaborado por el investigador Gerardo Alonso Schwarz, del Instituto de Estudios (IERAL) de la Fundación Mediterránea, analiza la evolución de las exportaciones argentinas en los últimos dos años y destaca el fuerte crecimiento que tuvieron.
Y en ese contexto, remarca que el agro sigue siendo el gran motor para la generación de divisas, con la caña de azúcar, la soja y el trigo como los productos que más crecieron en su participación a nivel global, pero también un aporte importante de la ganadería y algunas economías regionales.
De acuerdo con el documento del economista jefe del IERAL NEA, las exportaciones de bienes llegaron a U$S 87.000 millones en 2025 (+9,1% interanual) y las proyecciones anticipan para este año un récord por encima de los U$S100.000 millones.
A partir de estos datos, Alonso Schwarz hace foco en tres ejes:
En ese sentido, en primer término el experto subraya que “la inserción comercial externa de Argentina atraviesa un proceso de recomposición estructural tras casi una década de comportamiento errático y el severo impacto climático de 2023, año en el que la participación argentina en las exportaciones mundiales tocó un piso histórico del 0,28%”.
Luego, con la progresiva remoción de restricciones sobre el comercio exterior y la normalización de las condiciones climáticas, la cuota de mercado inició una senda de recuperación, ubicándose en un 0,33% durante 2024 y 2025.
Ahora, para 2026, las proyecciones anticipan que dicha tendencia de crecimiento continuará, dando lugar a una participación del 0,37% en el total mundial.
“De concretarse, estos valores marcarán un máximo en el registro reciente —superando los picos de 0,36% alcanzados en 2016 y 2022—, impulsado tanto por la oferta agrícola madura como por el despegue de la escala exportadora en energía y minería”, remarca.
Dentro de este marco, el rebote está liderado en términos absolutos por los granos y derivados procesados, acompañados por un destacado dinamismo en bienes extractivos e industriales.
De hecho, al profundizar el análisis de la participación sectorial en los mercados internacionales, se destacan tres grandes grupos:
Pero a su vez, el crecimiento del market share mundial de cada producto argentino tiene dos componentes: la evolución de los volúmenes despachados y los precios o montos de los mismos.
El desglose de la evolución durante ese período (2023 a 2025) de las exportaciones totales argentinas en estos dos componentes muestra que la expansión del valor exportado descansa predominantemente en un efecto volumen (oferta física) más que en un efecto precio exógeno favorable.
No obstante, al analizar por sectores, es posible también agrupar los productos en base a la relevancia de un componente o el otro.
En tanto, Alonso Shwarz también subraya que la recuperación del comercio exterior no es homogénea a lo largo del territorio nacional. El empuje del volumen exportado responde a dinámicas productivas específicas en cada región productiva:
En definitiva, entonces, Alonso Schwarz resume que Argentina recuperó y superó su participación histórica en el comercio mundial, con un récord de exportaciones previsto para 2026.
“En los últimos años, este crecimiento fue el resultado de la facilitación del comercio exterior, apoyándose principalmente en el crecimiento de los volúmenes exportados más que en el precio y se concentró en recursos naturales y energía, con un fuerte sesgo regional”, añade.
En este marco, cita desafíos muy importantes en la consolidación de esta participación en los mercados mundiales, como la firma de convenios comerciales estratégicos —como el acuerdo Mercosur-Unión Europea o el tratado entre Argentina y Estados Unidos— que “resultan clave para consolidar un acceso preferencial y previsible a mercados de alto poder adquisitivo, con resultados que ya comienzan a sentirse”.
“Capitalizar el potencial de los mismos requiere que el país adapte su oferta exportable a las nuevas exigencias globales, incorporando trazabilidad, certificaciones ambientales (como la producción libre de deforestación) y estándares de calidad que permitan alcanzar los segmentos de mercado de mayor precio y menor volatilidad”, agrega el economista.
Y cierra: “Finalmente, sostener la competitividad de las economías regionales exige resolver de manera prioritaria los elevados costos logísticos internos y las deficiencias de infraestructura. La distancia entre los clústeres productivos del NOA, NEA o Patagonia y los puertos de salida demanda inversiones y modificaciones regulatorias que reduzcan los costos”.